martes, 23 de agosto de 2011

Te vi mirándome.

Lloraste en mi noche triste.

Lo hacías por mí.

Pobre mi pobreza.

Mi estúpida arrogancia.

Por esa tonta ilusión.

No lloré aquella noche.


Te vi mirándome.

Tus ojos en mis ojos.

Por temor a no entender.

Una sonrisa escondí.

Qué poca reacción.

A la noche culpé.

La noche era tan fría.


Se despidieron.

Todos lo hicieron de mí.

Ayudándome en mi dolor.

Otra vez te vi mirándome.

Ahí al alcance de mi mano.

Mis ojos dan fe.

Me acerqué y te besé.

Un impulso ciego.

No permitiría que tus ojos

Dejaran de apiadarse por mí.


Ellos se van.

Lo vivo y así lo cuento.

Te alejas con ellos.

Elegante, firme, hermosa.

Tus ojos suplicándome.

Los míos gritándote.

Volveré.

Bajas la vista.

Sabes que miento.

Sé que no es cierto.


Mi tiempo siempre regresa.

A esa noche que fue triste.

Una y otra vez.

Tengo que ver si me miras.

Como aquella vez me miraste.

En la noche de las noches.

Por los siglos de los siglos.

martes, 9 de agosto de 2011

Cristina se va en diciembre.

Cómo la amaba. Éramos dos adolescentes que no pasábamos los 13 o 14 años. Niños todavía. Ella vivía enfrente de mi casa, cruzando la calle en diagonal, a esa edad en que el amor era algo a la distancia difícil de explicar. Sólo sueños que no se cumplían pero que se cumplirían si mi imaginación lo permitía. Todos los chicos del barrio sabían de mi amor por mi vecinita. Y las chicas también porque mi hermana, mi cómplice, se encargaba de hacérselos saber. Por ella supe de su amor por mí. Me amaba; Dios mío, me amaba; el cielo estaba al alcance de mi mano. Era tan hermosa que la envidia podía jugarme una mala pasada. Me lo decía siempre mi mamá: lo peor que te puede pasar es que te envidien porque la mente humana es poderosa; alejate de las personas que te envidien. Pero yo no podía perder a todos mis amigos del barrio y sólo me aferraba a que ella se había fijado en mí y en nadie más. Soy el más afortunado, pensaba.

La veía cuando volvíamos en tren del colegio secundario. Desde distintos colegios, pero en el mismo tren del atardecer. Las casi cuatro cuadras desde la estación se convertían en kilómetros para mi al caminar junto a ella oliendo su dulce perfume que jamás olvidaré. Quedó impregnado en mi nariz para siempre. Lo mismo que sus ojos negros inmensos grabados en mi retina hasta el día de hoy. Caminábamos en silencio, sólo escuchando a los otros chicos que viajaban con nosotros desde el cole, riéndonos de sus ocurrencias, mirándonos de soslayo con vergüenza; ruborizado, yo, hasta el pelo. A veces nuestras manos se rozaban produciendo en mí un extraño estremecimiento en todo el cuerpo. Era agradable. Si tengo que recordar alguna conversación con ella llego a la conclusión de que jamás existió. Pero eso sí, sería mi esposa y tendríamos muchos hijos. Pensar en los niños que tendríamos me llenaba de júbilo porque hacerlos significaba tenerla en mis brazos, besarla, acariciarla y otras cosas más. Rogaba que ella deseara lo mismo que yo.

Los días de final de clases con el verano a flor de piel nos alejarían; ese era mi temor. Cómo haría para acercarme a ella si no volveríamos juntos del colegio hasta unos meses después. Qué verano me esperaba; peor del que yo pensaba.

-Cristina se va en diciembre.

Me lo dijo una noche mi hermana como si nada; casi como si estuviera leyendo la revista Vosotras o una fotonovela.

-Terminan las clases y se va.

-Adónde va. ¿De vacaciones?

Imaginar que se iba de vacaciones con los padres era sentir que la perdía para siempre. Que se enamoraría de otro chico en la playa o la montaña al que ya empezaba a odiar sin tener la menor idea de cómo sería ese chico, y por eso me olvidaría definitivamente.

-Se va del país, a vivir a España.

Me desplomé. Perdí el conocimiento parado como una estatua frente a mi hermana. El cielo me aplastó. Quedé azul.

-¿Cómo que se va a ir a vivir a España? ¿Dónde queda? ¿No la veré más?

Me clavaron un puñal y luego lo revolvieron en mi vientre. Fue terrible porque era verdad, se iba al otro lado del océano. El padre consiguió un trabajo allá y chau, se acabó. Fuimos todos los chicos al puerto a despedirla. Se iba en un buque enorme que yo rogaba que no se hundiera como el Titanic. No hablaba, no me salía ni una palabra. Todos bromeaban diciéndole que la irían a visitar alguna vez pero para mi era el fin. Los abrazos de las chicas del barrio con ella, el beso en la mejilla de los chicos y nosotros dos que sólo nos mirábamos tristes. Ni un beso, ni un abrazo, ni un adiós. Se fue. Cristina se fue en diciembre y desde el momento en que mi hermana me lo dijo pasó en un santiamén. Luego lloré casi todo el verano.

Un día de diciembre, cuarenta años después, casi en verano, cruzando Plaza de Mayo en pleno centro de Buenos Aires, como muchas veces lo hago, pasé delante de un grupo de turistas como muchas veces me pasa en ese lugar. Eran españoles y una joven guía turística argentina les contaba detalles de la histórica plaza. Vi sus ojos. Tan negros como los tenía clavados en mis ojos. Sentí su perfume. Tan dulce como mi nariz lo llevaba desde siempre. Ella era una turista más; una española más. Se quedó con sus ojos clavados en mí. Me miró de la misma manera que lo hizo para cautivarme cuando niños. No me detuve, seguí caminando perplejo porque pensé que podía equivocarme; que la edad estaba jugando conmigo. Esa niña que me enamoró era ahora toda una mujer tan hermosa como aquella. Dejó el grupo de turistas sin dejar de mirarme para caminar a mi lado, observándonos de soslayo, riéndonos, sin hablarnos, rozándonos apenas las manos. Caminamos kilómetros uno al lado del otro. Fuimos niños otra vez porque ese día volvimos a nacer.

Ya no le temo a los diciembres porque sé que Cristina no se irá nunca más. Moriremos juntos, y será un diciembre.

miércoles, 3 de agosto de 2011

LA GUERRA DE LOS DÓMUN.

Una nueva aventura de: SERGI, EL JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO.

Son cientos de naves, Sergi, las que vienen directo a nuestro planeta.

Con qué intenciones…

Conquistarnos. No me cabe duda, saben que aquí tenemos todo para ser felices y lo quieren para ellos, no les importa nada de lo que pueda pasarnos. Nos destruirán.

Sergi, el JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO, acaba de escuchar de labios de uno de sus colaboradores más directos lo que nunca hubiera querido escuchar; su querido planeta, DÓMUN, está en un grave peligro. Invasores del lejano planeta, GRRRR!! llegarán pronto para exterminar a los habitantes de DÓMUN o esclavizarlos. ¡Esto sí que es terrorífico! Me aterra seguir contándoles esta historia que no sé cómo va a terminar.

¡Ciudadanos de nuestro amado planeta! Con profundo dolor tengo que decirles esto: estamos en guerra. Es la Guerra de los DÓMUN. Porque todos lucharemos. Tenemos que defender lo que nos pertenece y lograr la paz lo más pronto posible. Sé que no será fácil, pero con fe en todos los Dioses del Cosmos lo conseguiremos.

Sergi, se dirigió así a sus hermanos. Con firmeza y, a la vez, con una gran pena. Nadie como él lucha por conservar la paz y esto es algo que lo supera. Su madre, Lidia, la Princesa de todos los Cielos Azules del Universo, lo apoya en esta decisión. Con la medalla de la Justicia Justa que ha colgado al cuello de su hijo, sabe que estará protegido en su lucha contra los males del Universo. Lluvia, la Princesa más hermosa que el rocío de la mañana, también estará junto a él en esta lucha que parece ser desigual. Los invasores son millones, terriblemente poderosos y para colmo, ¡malísimos!

Todos los ciudadanos se preparan para la guerra. Lluvia organiza a las jóvenes y Lidia a las demás mujeres enseñándoles a defender sus casas con uñas y dientes; eso sí, las uñas bien pintadas porque es importante no perder la femineidad; demás está decir que las mujeres de DÓMUN son muy hermosas. Los hombres, bajo las órdenes de Sergi, se adiestran en el uso de las armas. Espadas láser, cañones láser, vehículos láser, máquinas voladoras láser y, claro, si eso no alcanza, la idea es aprender a arrojar piedras galácticas; para eso se necesita mucha puntería, no vayan a creer que es tan fácil.

He pensado en Paula e Isla, sí, ellas que son tan temerarias, para que conduzcan el primer ataque.

¿Estás seguro, Sergi?

Sí, mi amada, Lluvia, saldrán ya de avanzada con un ejército de nuestros mejores guerreros para sorprender a los invasores. Sé que harán un buen trabajo y nos darán tiempo a nosotros para estar mejor preparados. No hay tiempo que perder, los malos están muy cerca de DÓMUN.

Arancha, la sacerdotisa del planeta más pacífico del Universo Inmenso: +BU heno KELPAN, bendice a las niñas que parten a la guerra con sus espadas listas para hacer justicia. Ellas, hermosas como la luna reflejada en el mar dorado donde pasa sus vacaciones, Sergi con su amada familia, parten con la confianza plena de quien va a luchar por defender su hogar. Aunque, Sergi, sabe que lo que les espera será una batalla muy difícil, pero no imposible de lograr la ansiada victoria.

Días después, ya todo está listo para la defensa de DÓMUN. Sergi, el JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO, sólo espera noticias de Paula e Isla. Preocupado, muy preocupado porque se acaba de enterar de que muchos de sus guerreros han quedado en la primera batalla. Qué pasó con las niñas más valientes que un león de la selva africana del desaparecido planeta Tierra. Ese planeta del que ya nadie se acuerda.

Han luchado como fieras, Sergi… Le dice uno de sus soldados colaboradores.

¿Y, qué pasó con ellas?

Sabemos que los hombres que han sobrevivido a la lucha desigual están regresando, pero quiero que sepas, Sergi, que a los malos malditos les han causado muchas bajas. Por eso, los invasores, llegarán disminuidos gracias a la valentía de estas niñas… No tenemos más noticias porque el satélite de las comunicaciones fue destruido en la batalla espacial.

Ruego a todos los dioses que ellas estén regresando con nuestros hombres, si no me sentiría muy culpable; debí haber ido yo en esa misión…

No, Sergi, tú debes estar aquí para la batalla final que será, ¡terrible!

DOGx1, el fiel perro de Sergi, está muy inquieto esta mañana, presiente algo serio y ladra despertando a nuestro héroe que tiene el sueño más profundo que la caverna del monstruo verde que allí vive alimentándose de piedras volcánicas. Han llegado los invasores, están a miles de kilómetros, lo que no es nada si se trata del Universo. ¡Por todas las nubes gaseosas! Son muchísimos, gritan los habitantes de DÓMUN, esto no será fácil. ¡A las armas mis valientes! Grita, Sergi, empuñando su espada láser. La guerra ha comenzado.

Cientos de naves de los dos bandos surcan el espacio enfrentándose. Los disparos láser de las naves enemigas causan destrozos sobre el planeta. Los certeros disparos de las naves de DÓMUN hacen explotar a las naves enemigas. El JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO, al frente de sus guerreros, conduciendo su nave, SUPERNOVA V LOZ, lucha como un gran valiente abordando las naves de los malísimos que son como antiguos barcos piratas, pero galácticas y súper veloces, cortando las cabezas de los malos con su espada láser. No nos preocupemos por esto porque ¡son muy feos! En su planeta GRRRR!! cuando están aburridos, se entretienen asustando a los niños y lo malo es que... ¡Siempre están aburridos! Pobres los Chicos de ese horrible planeta. ¡Por todos los asteroides! ¡Qué destino tan trágico!

Mientras los hombres luchan a brazo partido y cabezas cortadas en el espacio, las mujeres de DÓMUN, conducidas por Lidia y Lluvia, se defienden de los invasores que han logrado aterrizar, arrojándoles aceite hirviendo cuando intentan entrar a sus casas. Un método antiguo pero muy eficaz.

Son millones, Sergi, no podremos resistir mucho más… Le dicen sus valientes guerreros apesadumbrados porque la situación se pone cada vez peor.

Sigan luchando, sólo necesito un plan, es la única manera de vencerlos… Y un milagro…

Sergi, toma con su mano izquierda la medalla de la Justicia Justa que lleva colgada al cuello, mientras sigue empuñando su espada láser con la derecha, e invoca a su madre, Lidia: Madre, dame una señal, márcame el camino de la victoria, dime qué hacer en este momento o perderemos la guerra. Y la señal llega. Escucha clarito la voz de su madre que le dice: Huye, ve hacia el espacio exterior ahora mismo…

¿Qué? ¿Cómo voy a hacer eso? No abandonaré la pelea jamás, madre…

Haz lo que te digo por una vez en la vida, mi querido hijo. ¡Hazlo ahora!

Sergi aprieta los dientes con furia y huye al espacio. Sus soldados ven su nave huir y no lo pueden creer. Los malísimos comienzan a seguirlo porque saben que él es el líder del planeta DÓMUN y lo quieren apresar vivo. Todas las naves piratas horripilantes de los malos van detrás de él. Sergi vuelve a escuchar la voz de su madre que le dice: Ahora ocúltate detrás del lado oscuro de la luna de DÓMUN. Sergi rápidamente lo hace y, ¡sorpresa! Todas las naves que habían partido en la primera avanzada con Paula e Isla a la cabeza están allí listas para la lucha. ¡Por todos los mares de la tranquilidad! Grita, Sergi, feliz por ver a sus queridas amigas sanas y salvas. Inmediatamente se pone al frente de ellas y contraataca a los malos que se ven sorprendidos. Se produce un desbande tal que las naves enemigas se chocan entre ellas. Los soldados de Sergi al ver esto atacan a los desbandados y entre dos fuegos les dan una paliza que ni te cuento. O sí te cuento. Sergi, queda frente a la nave enemiga Líder. ¡Es enorme! Alcanza a ver al Supremo de los malos conduciéndola; se miran con odio, cara a cara, nave a nave. Saben que en segundos más uno de los dos dejará de existir; será el más rápido del oeste el vencedor. Rápidamente alargan sus manos al disparador láser y… Una luz verde cruza el espacio como un rayo… De nave a nave… Todos los valientes guerreros de Sergi y los malditos invasores, miran fijos el desenlace que acontecerá. Y lo que ocurre es que… La nave Líder de los malditos estalla como una supernova iluminando todo el espacio exterior a millones de años luz. Más de la mitad de las naves enemigas son destruidas y el resto se rinde a los pies de Sergi, el JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO que ha triunfado una vez más. Este chico sí que es un ganador de verdad.

La fiesta que se desencadena en todo el planeta es de lo más divertida. Con fuegos artificiales más grandiosos que los del antiguo lugar llamado Disney World, del que sólo quedó un video juego en el museo Interestelar de DÓMUN. Manjares traídos del asteroide, QUESABRÁELOSO y danzas en las que todos bailan en una pata. Pero lo mejor es el castigo que les impuso Sergi a los malos invasores: los obligó a llevar a vivir a DÓMUN a todos los niños de su horrible planeta con sus madres y ahora, ¡no tienen a quién asustar! Por eso están más aburridos que el dragón del planeta rojo, que vive solo porque la novia lo dejó por un oso hormiguero y, de la rabia que le dio, quemó todo con su vómito de fuego y ¡ya no le queda nada que quemar! ¡Por los anillos de Saturno! No quisiera estar en su lugar.

La guerra de los DÓMUN ha terminado gracias a tantos valientes que han luchado para defender la justicia. Los buenos han ganado una vez más. La paz ha vuelto al Cosmos entero por la temeraria intervención de nuestro Súper Héroe: ¡SERGI, el JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO! que pronto volverá con una nueva y apasionante aventura.

Fin del episodio.