martes, 18 de octubre de 2011

La sonrisa del negro Will.

La foto que ilustra este cuento no fue tomada por mí. Si lo hubiera hecho yo, hoy tendría cien años por lo menos.


El negro Will es una de las tres personas que siempre me recibe con una sonrisa. La otra es mi madre cuando le llevo dinero, cosa que no ocurre tan seguido, y la tercera es Charlie, el barman del snack en el que almuerzo y ceno casi todos los días; aclaro que lo hace cuando le pago. He llegado a la conclusión de que si no tengo dinero no me quiere nadie.

Cómo está usted, Mister Flynn, me dijo, Will, aquella mañana un poco gris; cosa rara en Los Ángeles City, tierra del sol eterno. Quizá el cielo presintiera que no sería un día normal. Normal para el cielo, porque para mí todos los días grises son los normales. La noche anterior había recibido en mi oficina ese extraño llamado de una mujer con voz bastante grave: Mister Flynn, lo espero en mi penthouse del Dirty Dick,s a las 8 de la mañana en punto, ¿qué desea desayunar? Dos huevos revueltos, jugo de naranja, café bien negro y dos aspirinas, le dije. Siempre sé como me levantaré después de beberme una botella de whisky para poder dormir. Mis deudas generalmente no me permiten conciliar el sueño. La falta de un cuerpo caliente a mi lado tampoco.

Voy bastante seguido al Hotel Dirty Dick,s, debe ser el lugar de LA en el que me han dado más casos para resolver y, además, cuando resuelvo un caso ganando algo de dinero, lo gasto allí con alguna platinada de buena carne y generosa a la hora de cobrarme. Llegué en punto, con mi típico dolor de cabeza, mi mejor traje gris oscuro y sombrero haciendo juego. Estaba dispuesto a seducirla, su voz en el teléfono había sido para mí de lo más cautivante. Pase, Mister Flynn, me dijo con la voz más grave aún que la que escuché en el teléfono. Alta, cabello negro ondulado hasta los hombros, labios rojos, ojos color miel perfectamente delineados, falda cuadrillé negro y chaqueta haciendo juego. Sus tacos agujas la hacían más alta aún. Una cabeza más que yo. Caminó delante de mí, lo que hizo que mi mirada bajara hasta la mitad de su cuerpo, se dio vuelta para sentarse mientras yo seguía con la mirada sobre la mitad de su cuerpo. Mister Flynn, susurró, estoy aquí arriba. Mi Dios -si es que existe- qué mujer, dueña de un trasero que me dejó petrificado.

Mientras tomábamos el té, sí, té, ni café, ni aspirinas, ni nada de lo que le pedí, me contó porqué me quería contratar: Mi novio es quien paga todo esto, yo jamás le pregunto de dónde saca el dinero, pero hace unos días, usted se habrá enterado, robaron un camión de caudales en pleno boulevard que desemboca en la carretera que va a Santa Mónica, ¿lo recuerda? Cómo no recordarlo, fue medio millón de los grandes, sentí envidia de quienes lo hicieron. Sigo, Mister Flynn, interrumpió mi pensamiento que estaba cruzando el océano rumbo a Hawai. Estoy segura de que uno de los dos que asaltó ese camión es mi novio. Por supuesto que al escuchar esto pensé que debía denunciarlo a la poli si ella no lo hacía, pero esta impresionante mujer tenía otro plan: meterlo preso y quedarse con los doscientos cincuenta mil grandes que le tocaban a él. Le pagaré muy bien, dijo, qué tal el 20% de ese dinero, siguió. Inmediatamente le dije que no hago ese tipo de cosas, que no me parece un dinero bien ganado, que si bien soy un detective con muchos problemas económicos que me tienen a mal traer, soy totalmente honesto y, acepté.

Mike se llama su novio. Me dijo dónde encontrarlo pero que no lo detuviera hasta que me hiciera con el dinero robado. Luego no le importaba la suerte que este tal, Mike, corriera. Salí del hotel y en la puerta saludé al negro Will que seguía con su eterna sonrisa: Hey, Will, nunca me hablaste de la morena del penthouse, qué mujer impresionante, sabes, me ha dado un caso, así que me verás seguido por acá. A propósito, ¿qué sabes de su novio, Mike? ¿Lo ves seguido por aquí? Al negro Will se le borró la sonrisa poniéndose tan pálido que por un momento pensé que el negro de su piel era teñido. No me contestó. Me fui de allí preocupado por su reacción.

Estuve todo el día vigilando a Mike. Un tipo rudo, de contextura física como la de un peso pesado, incluida su nariz rota; un animal por dónde se lo mire. Metía miedo el tipo así que anduve con pie de plomo tras él. Tenía que ver con quién se juntaba y a dónde iba para tener alguna sospecha del lugar en donde pudiera haber escondido el dinero. Almorzó en un ristoranti italiano –yo, un sandwich de mantequilla de maní en mi Plymouth.- Compró flores en un puestito de la calle a lo cual me dije: “Qué romántico, ahora visitará a la morena en el penthouse.” Nunca más equivocado. Se dirigió hasta una coqueta casa en las afueras de la ciudad donde visitó a una viejecita muy simpática a la que le dio las flores. Luego supe que era su madre. De regreso, detuvo su auto frente al Club de Béisbol Infantil LA, donde fue recibido por todos los niños con bombos y platillos. Repartió dulces y pelotas de béisbol a granel. Terminó el día cenando con un grupo de amigos muy ruidosos y de carcajadas fáciles. Yo, mientras cenaba una hamburguesa en lo de Charlie, pensaba que el tipo no tenía nada de malo. Me resultó un buenazo. Llegué a la conclusión de que sería incapaz de robar ni siquiera una manzana en una frutería. Este no mata ni una mosca, me dije, así que mañana visitaré a la morena despampanante para decirle que su sueño del cuarto de millón de dólares se había esfumado. El 20% que me tocaba, también. ¡Charlie, otro día te pago!

Toda la poli de Los Ángeles estaba en el Dirty Dick,s cuando llegué a la mañana siguiente. Qué habrá pasado, me pregunté. Al bueno de Will y su eterna sonrisa no lo veía por ningún lado. Me conocen todos los del Precinto 48, por eso entré como pancho por su casa. Cuando llegué al penthouse de la morena que me quitaba el sueño, casi me descompongo por lo que vi: un baño de sangre. Cuarenta puñaladas exactas le dieron en todo el cuerpo a la voluptuosa mujer. Le pregunté al teniente del Precinto qué había pasado, pero estaba tan confundido como siempre. Es un inepto para resolver estos temas. Me di cuenta de que no tenía idea de que la mujer tenía un novio que pagaba sus gustos: Mike. Quizá me había equivocado sobre este hombre, por eso para mí pasaba a ser el mayor sospechoso. En este caso ya no ganaría nada, pero decidí investigar por mi cuenta.

Cuando me iba del hotel me crucé con el negro Will. Estaba sentado al pie de la escalera tomándose la cara con las manos. Sin su uniforme verde con botones dorados; vestido de civil. Me senté a su lado preguntándole qué sabía de lo que había pasado. Me contestó casi en llanto: Yo la amaba, con toda mi alma, nadie hacía el amor como ella. Casi me desmayo al escuchar esto, ¡el negro Will dormía con semejante mujer! Claro, como no iba a estar con esa sonrisa, siempre. ¡Así cualquiera es feliz! Te prometo, Will, que meteré a la sombra al que lo hizo; de la silla eléctrica no se salvará, le dije tratando de consolarlo. No fue él, me dijo llorisqueando. ¿Quién no fue? Le pregunté sorprendido. Mike, él no la mató.

El bueno de Will cumple sus días de cadena perpetua en Sing Sing. Encontraron su uniforme verde con botones dorados y su gorra en un canasto de la lavandería del hotel; totalmente ensangrentados. Conocía a Mike por haberlo visto siempre llegar al hotel. Lo que nunca supo es que tenía amoríos con la despampanante morena de la cual, el negro Will, estaba perdidamente enamorado. Por mí lo supo, sin querer y de bocón que soy a veces, pero cómo iba a sospechar yo que el botones del Dirty Dick,s, tuviera un romance con una mujer así. La cuestión es que Mike tenía planeado el robo al camión de caudales, pero, necesitaba alguien que lo ayude. No pensó en Will por casualidad, sino, porque la mujer del penthouse lo convenció. Le dijo que el negro era medio tonto e iba a aceptar. Así fue. Robaron el camión y cuando se repartieron el dinero, entré yo en escena: encontraría el dinero de Mike, lo metería preso. Mike confesaría y meterían preso al negro Will, y luego ella, la viuda negra, se iría a otro país con toda la pasta, ¿qué tal a París?

Will, me dijo que esa mujer siempre le decía que si él tuviese dinero se irían juntos al fin del mundo, por eso aceptó lo del robo. Pobre, al fin del mundo la mandó de 40 puñaladas al enterarse por mí de que era la novia de Mike. Nunca devolvimos el dinero; con semejante suma le pagué al mejor abogado para que lo salvara de la silla eléctrica. Mike huyó a México y yo, una vez por mes, me encargo de llevarle flores a su madrecita. Ella cree que su hijo está trabajando en una importante petrolera de Centroamérica. También, de vez en cuando, visito a Will en la cárcel; como siempre, me recibe con su enorme sonrisa.

Algo saqué de todo esto, me quedé con diez de los grandes para pagar mis deudas y tomarme unas buenas vacaciones en Hawai. Dicen que allí hay burdeles con las mujeres más exóticas y bellas del Pacífico Sur. Merecía este descanso, sobre todo después de haber resuelto el caso antes de que ocurriera.

domingo, 25 de septiembre de 2011

3012

Una nueva aventura de : SERGI, EL JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO.


Dómun se mueve. En todos lados se mueve. De pronto grandes terremotos ponen en alerta a los ciudadanos del planeta de Sergi y su gente. Cataclismos, tsunamis y toda clase de fenómenos naturales comienzan a ocurrir en este lugar del Universo que era tan tranquilo. ¿A qué se debe? Pregunta, Sergi, a los científicos más encumbrados de su querido planeta. No sabemos todavía. Es la respuesta que le dan. Estamos investigando con toda nuestra tecnología que como bien sabes, Sergi, es la más avanzada de toda la galaxia.

Estoy preocupado, madre. Le dice, Sergi a Lidia, la Princesa de todos los Cielos Azules del Universo. Esto no es normal, todo Dómun parece que fuera a estallar… Los hombres de ciencia no saben que decirme y la gente tiene miedo.

Sergi, querido hijo, esto para mi tiene una explicación.

Cuál, madre.

Hace miles de años, el desaparecido planeta Tierra, vivió algo así de acuerdo a una antigua profecía de una civilización que desapareció misteriosamente: Los Mayas.

Sergi, se acomoda en su sillón de líder de su planeta, dispuesto a escuchar con mucha atención a su madre porque sabe de su enorme sabiduría.

Ocurrió en el año 2012 de ese planeta azul. Enormes cataclismos destruyeron gran parte de la Tierra, aunque no ocurrió lo que se temía.

Qué se temía, madre.

El fin del mundo. Eso ocurrió varios siglos después y por otras causas, pero la humanidad quedó muy lastimada por las desgracias que ocasionó la naturaleza. El miedo se instaló en la gente que comprendió que eso ocurría por lo mal que se comportaban con el único lugar en el que podían vivir; su única casa en el espacio sideral.

Pero eso no pasa aquí en Dómun, madre, tú sabes de lo respetuosos que somos con nuestro lugar en el Universo.

Lo sé, mi querido, Sergi, lo sé, pero la casi coincidencia de las fechas, aunque sean mil años más, me hacen pensar que aquellas antiguas profecías Mayas se hacen realidad en Dómun.

Sí, madre, somos descendientes de los sobrevivientes de la Tierra. Hasta aquí llegaron nuestros antepasados hace ya 3012 años... Pero, ¿qué hemos hecho mal para que este planeta esté tan enojado? Tengo que averiguarlo.

Sergi investiga, estudiando antiguos documentos, en las ruinas de la ciudad que los antepasados llegados del desaparecido planeta Tierra fundaron, llamándola: Nueva Aramea. Sólo él puede leer e intentar comprender esos extraños jeroglíficos: “Llegará de aquél que viaja el fin de este que no viaja. “ Llegará de aquél que… ¿Qué querrá decir esta extraña frase que parece una profecía? Sergi no duerme, piensa, se devana los sesos, tiene que descifrar este verdadero acertijo. Convoca a todos los sabios de Dómun. Nadie le encuentra la vuelta y mientras tanto las noticias de más terremotos preocupan a todos los ciudadanos que esperan lo peor. La naturaleza se ha ensañado con ellos.

“Llegará de aquél que…” De aq… ¡Del cielo! Claro, del cielo, tiene que ser algo que viaja por el Universo y viene directamente a nosotros que estamos aquí, quietos.

Todos los sabios, astrónomos y científicos de Dómun se reúnen con Sergi, el Justiciero del Universo Inmenso. Si algo se acercara a nosotros ya lo habríamos visto, le dicen. Estoy seguro de que estos cataclismos son producidos por un planeta que ejerce una atracción poderosa sobre nuestro planeta. Les dice, Sergi, con autoridad. Observen los radares interestelares, los poderosos telescopios que ven más allá del final del cosmos, estoy seguro de que esto es por algo que viene de muy lejos.

Efectivamente. Un planeta errante que ocultaba la nebulosa, Humo Oloroso, es visto de pronto desde el telescopio llamado, Vidrio de Síffonn. Lamentablemente es descubierto muy tarde. En siete días impactará contra Dómun destruyéndolo, porque si bien es errante, su puntería es infalible. No hay vuelta que darle, Sergi, una vez más tiene razón y, 3012 será el año del fin del Dómun.

Lluvia, la Princesa más hermosa que el rocío de la mañana, Soberana de todos los Soles Interestelares, no quiere despegarse de su amado Sergi. Sabe que sus días juntos están contados. Pero Sergi no se quedará quieto esperando el desenlace final, no, piensa que la única manera de salvar a Dómun es destruyendo el planeta errante que además es pura roca solar, no hay agua en él y por lo tanto está deshabitado. ¿Pero cómo? Consulta a los sabios, soldados y científicos y todos llegan a la conclusión de que la única manera es con rayos láser-atómicos. Cosa que no se puede hacer desde Dómun por la enorme distancia que todavía los separa. Hay que ir al encuentro del planeta que los destruirá, lo cual llevará días.

Es muy peligroso, mi amado, Sergi. Se lamenta, Lluvia.

No hay alternativa. Dice, Sergi. Sólo dos naves son tan poderosas para llegar hasta él y destruirlo: La mía, Supernova V LOZ y la de Paula e Isla. Pero no puedo arriesgarlas a ellas… No… Iré yo solo.

¡Ni locas nos dejarás aquí! Se escucha la voz de Paula que ha oído todo.

No te desprenderás de nosotras. Arremete, Isla. Nuestra nave no la conduce nadie más.

Saben que quizá no regresemos con vida… Les advierte, Sergi.

Tú solo no puedes, si nos quedamos aquí, todos moriremos. Dice muy segura, Paula.

No creo que puedas con ellas… Le asegura, Lluvia.

Qué trabajo el de Arancha, la sacerdotisa del planeta más pacífico del Universo, + Bu heno KELPAN, siempre tiene que bendecir a estas dos niñas temerarias antes de partir a misiones tan peligrosas, pero es la manera de protegerlas. Lo mismo que la Princesa Lidia, al tener que demostrarle tanta seguridad a su hijo, Sergi, aunque por dentro tema por él. Su única ayuda es colgarle del cuello la Medalla de la Justicia Justa que lo protegerá y lo mantendrá comunicado mentalmente con ella.

Después de tres días de preparación, ya están las dos naves listas. Cargadas de rayos láser-atómicos para cumplir con la misión. La despedida es muy emotiva. Todos saben que quizá no se vuelvan a ver, pero para Sergi, Paula e Isla, esta es la misión más importante de sus vidas. Deberán salvar a Dómun de la destrucción, no hay nada que supere eso. El planeta errante está a sólo cuatro días de distancia; eso es nada en el Universo. Y al fin parten las dos naves. Sergí, el Justiciero del Universo Inmenso, como siempre, acompañado por su fiel perro, DogX1

A tres días del impacto.

Las dos naves viajan a gran velocidad. Cruzando nebulosas, bordeando satélites, esquivando grandes y pequeños meteoritos, y casi divirtiéndose los tres aunque la misión sea tan peligrosa y difícil. Mientras, en Dómun, Lidia, Lluvia y toda la población, rezan a todos los Dioses buenos del Universo rogándoles por el éxito de tan delicada responsabilidad de nuestros pequeños y a la vez grandes héroes.

A dos días del impacto.

Los cataclismos en Dómun son cada vez peores. Toda la población los soporta con hidalguía y esperanzas en Sergi y sus queridas amigas. Mientras, las aguas doradas de los mares crecen inundando campos y poblados, los ciudadanos se refugian en lugares donde el agua no llega. Los terremotos son cada vez mayores. La cercanía del planeta errante empeora las cosas. La Princesa Lidia, confía en su temerario hijo, sabe que es la única carta de triunfo que tienen, y también porque ella está conectada a él aunque esté a miles de Kilómetros.

A un día del impacto.

Bien, amigos de Dómun, estamos cerca y ya tengo un plan de ataque.

Dinos cuál es, Sergi.

Escuchen bien, Paula e Isla, me adelantaré hasta poner mi nave al oeste del planeta errante. Ustedes siguen directo a él. Cuando esté en posición, a una señal mía, lanzamos los rayos láser-atómicos al mismo tiempo para que el impacto, desde dos lados, sea más destructivo... ¿De acuerdo?

De acuerdo, Sergi… Dice, Paula. Y si fallamos, cuál es el plan B.

No hay plan B, no hay tiempo para eso, si esto falla será el fin de todo lo que existe en Dómun.

Lidia, desde el centro espacial de Dómun le habla a su hijo: No fallarán, lo sé, mi amado hijo, confío en ti más que nada en el Dómun.

Gracias, madre, sólo deseo volver a verte, a ti y a Lluvia. Las extraño mucho.

¡Guau!

DogX1 también las extraña.

A ocho horas del impacto.

¡Por todas las estrellas Tres Marías del Universo!

¿Qué ocurre, Sergi?

El disparador de mi nave no funciona, no podré lanzar mis rayos.

¡Rayos y Centellas! Grita Paula. ¡Cáspita! Grita, Isla. Se ve que leen antiguos comics.

Sólo queda una cosa por hacer, así que prepárense, no podemos perder tiempo, me lanzaré con mi nave hacia el planeta. En cuanto esté cerca les aviso a ustedes, mis amigas, para que lancen los rayos láser-atómicos.

¡Pero, Sergi, morirás! Le dicen desde la base de Dómun.

¿Acaso tienen una mejor idea? Les contesta. En segundos perderemos comunicación con ustedes, sólo podré tenerla con Paula e Isla. Madre, te amo; Lluvia cuidaré de ti desde el Cielo de todas las almas… La comunicación se corta. Una tristeza infinita invade a todos en el Centro Espacial. Lluvia llora lágrimas dulces. Lidia se concentra para estar comunicada con Sergi hasta último momento. Todo Dómun espera el desenlace.

Pasa una hora más larga que la cola de un cometa. Los segundos parecen minutos y los minutos horas. Cuando de pronto: ¡Impresionante! Exclaman todos los habitantes de Dómun al ver la explosión más grande de todos los tiempos en el cielo. El planeta errante estalla en millones de pedazos que se convierten en polvo cósmico. El espectáculo es realmente magnífico. La misión encabezada por Sergi ha sido un verdadero éxito. Ya no hay peligro de choque; los terremotos ceden, las aguas bajan, el querido planeta de nuestro héroe se ha salvado de una gran catástrofe. La alegría invade a todos, pero, en el Centro Espacial, no. Todos saben que Sergi dio su vida por ellos y ahora ruegan que las queridísimas Paula e Isla estén regresando a casa.

Las horas pasan, no hay comunicación posible. La concentración de la Princesa Lidia, que no sale de su trance, preocupa a todos. De pronto se escucha: Paula, llamando a base… Paula llam… ¿Me escuchan? Trrrr… tututut…. Rrrrr ¿Me escuch…?

Sí, Paula te escuchamos, adelante.

Paula, llamando a Base… ¿Me escuchan?

Te escuchamos, adelante, Paula.

¡Contesten, pedazos de rocas galácticas! ¿Qué se creen que estamos de vacaciones?

Te escuchamos, Paulita, te escuchamos.

Ah, por fin… Estamos yendo en busca de Sergi y DogX1…

¿Cómo? ¿Están vivos?

Claro que sí, Sergi programó la Supernova V LOZ para lanzarla al planeta errante y luego se eyectó con su perro enfundados en trajes espaciales. Una hora después, cuando calculamos que impactaría la nave sobre el planeta, lanzamos nuestros rayos y logramos el éxito final de la operación.

Lo verdaderamente impresionante fue la algarabía que se desató en el Centro Espacial de Dómun al escuchar semejante noticia. Lidia, abrazó a Lluvia diciéndole: Yo sabía, sabía que mi hijo estaba vivo. Lo supe a través de la medalla de la Justicia Justaporque él nunca dejó de apretarla con su mano.

Isla se dirigió a la base: A Sergi y a su perro les quedan 20 minutos de oxígeno pero nosotras llegaremos en quince y luego todos a casa. Por favor, encarguen unas pizzas de pepperoni y el mejor hueso con sabor a lagarto dulce para DogX1. Estar tan lejos del hogar siempre da hambre.

Otra vez nuestro héroe triunfó. Esta vez para salvar a su querido planeta. El año 3012 sólo será una anécdota por los siglos venideros. Y para nosotros, queridos lectores, una nueva aventura ha terminado. ¡Salve, Sergi, el Justiciero del Universo Inmenso!

lunes, 12 de septiembre de 2011

La dama en la ventana.

La foto que ilustra este cuento no fue tomada por mí.

Me levanté casi al mediodía aquel día que cambiaría mi vida; con resaca después de quedarme hasta tarde bebiendo la última botella de whisky que me quedaba. La cabeza me dolía terriblemente, pero no lo suficiente como para no poder leer el contenido de un sobre que alguien deslizó por debajo de la puerta de mi despacho, que es además el lugar en el que vivo. Mi economía no daba para más; hacía un tiempo largo ya que mi billetera sufría de soledad. La nota hablaba de un nuevo trabajo, pero seguramente también de un sin fin de problemas. El whisky de la noche anterior había sido mi cena aunque sólo alimentara mis ratones; no podía rechazar esa propuesta.

“Mister Flynn, he estado llamándolo sin suerte por eso me he llegado hasta su oficina; pero sigo sin suerte. Le ruego se acerque a mi mansión. Necesito contratar sus servicios urgentemente. Miss Lauren Monroe.” Al final de la nota dejó su dirección. Esta mujer no es otra que la actriz de Hollywood más despampanante que existe; por lo menos para mí que e visto una y otra vez sus películas. Si me excitaba al verla en la pantalla, no quería pensar cuando la tuviera enfrente, y eso era algo que no hubiera querido que suceda. Me conozco muy bien, soy capaz de perder la cabeza por una mujer como ella, lo cual no estaba mal con lo que me dolía esa mañana.

Cuatro cafés más negros que el luto con unos huevos revueltos, tostadas y dos aspirinas, es lo que me sugirió Charlie, el barman del snack de la esquina de mi oficina-house, para despejarme y afrontar a la Monroe firme como una estaca. Ve con fe y triunfa, me dijo antes de irme; claro, es tanto lo que le debo que no ve la hora de que resuelva un caso.

Mi Plymouth me condujo casi solo hacia las colinas de Los Ángeles donde viven todas las estrellas del cinema; es que me gusta pasearme por allí de vez en cuando, imaginando vivir en una de esas mansiones con piscinas de agua fresca y rodeado de rubias que me dan de comer en la boca. Desde que era un bebé que no me ocurre algo así; me refiero a lo de darme de comer en la boca; mi madre era pelirroja.

Pase usted, me dijo el ama de llaves, una mujer con cara de malvada como la de Bette Davis. La señora lo espera en su cuarto, es arriba, por esa escalera. Le di mi sombrero dándole las gracias y subí. Numerosas pinturas decoraban la casa; se me ocurrió que si eran originales, las que estuvieran en los museos serían falsas o viceversa; me quedé con esto último. La puerta de su cuarto estaba abierta. Entré… Y casi me desmayo: la Monroe, la mujer más sexy del cine, estaba parada de espalda junto a la ventana y el contraluz dejaba ver su perfecta figura casi desnuda, tal cual aparecía en su última película candidata al Oscar: “La dama en la ventana”. Gracias al cielo no tuve un orgasmo repentino que me hubiera puesto en ridículo.

Mister Flynn, tiene que ayudarme a ganar el Oscar, me dijo sin darse vuelta. Perdón, Miss Lauren, creo que se equivocó de persona, yo no tengo ni voz ni voto en la Academia, es más, en la última elección a presidente no voté, estaba enredado con una morena republicana que…Dio media vuelta, se me acercó hasta sentir su perfume que me embriagó más que la cerveza de la noche anterior y, mirándome con sus ojazos azules directos a los míos, me dijo: De eso se trata, de un miembro de la Academia que está enredado con mi mayor competidora, Marilyn Russel… Lo envidio, le dije, pero qué quiere que haga… Acercando sus pechos voluminosos a mi pecho chato como una tabla de lavar, me dijo muy suelta de cuerpo: Quiero que lo rapte para que no pueda votar ni influir en los demás jurados… Mire, Miss, yo no me dedico a hacer esa clase de trabajos, sólo soy un detective privado, le dije, sintiendo que mi billetera, en el bolsillo interno de mi chaqueta, le daba un pellizco a mi tetilla izquierda.

Mi Plymouth conoce el camino de regreso mejor que yo. Encendí un cigarrillo, le di una larga chupada, eché el humo fuera del carro, y pegué un grito de alegría: ¡Charlie! ¡Allí voy a pagarte lo que te debo! Doscientos dólares por día más gastos, le había dicho a la Monroe. Me pagó una semana por adelantado con un extra: Se entregó a mí. A mí, que soñé tanto con ese momento al verla en el cine. Pero debo reconocer que mi euforia fue por los mil cuatrocientos dólares en mi billetera; lo otro sólo me hizo acordar a mi primera vez, de adolescente, en el granero de la granja de mi padre en Kentucky, con una oveja. Es verdad eso de que lo bueno sólo ocurre en las películas.

El tipo es un conocido productor de Hollywood llamado John Tucson; hombre influyente en el mundo del cine además de millonario, extravagante, rodeado de jóvenes apetecibles aspirantes a estrellas y… Por esa razón empecé a odiarlo; no sólo lo raptaría sino que le metería una bala en los testículos.

Luego de pagarle a Charlie parte de la deuda y comerme una suculenta hamburguesa con patatas fritas, además de comprar otra botella de whisky para la medianoche, me dirigí hacia la mansión de Tucson. Tenía que vigilarlo y encontrar el momento adecuado para raptarlo sin despertar sospechas. Es un tipo muy influyente y seguramente toda la poli de LA lo buscaría por cielo y tierra. Pero, valía la pena el riesgo, serían dos semanas de trabajo y dos mil ochocientos grandes; una fortuna para mi y varias noches de borracheras para olvidarme de mis problemas. Estacioné cerca de su casa; la noche era muy cerrada lo que me ayudó a acercarme sigilosamente. De pronto, los faros de un auto acercándose me obligaron a ocultarme tras una cerca. El Ford estacionó al frente de la mansión de Tucson. Descendió un hombre, apenas lograba ver su silueta desde mi escondite, y se dirigió a la puerta golpeándola con sus nudillos muy suavemente. La puerta se abrió y me pareció ver que quien lo recibía era una mujer. Quizá haya una fiesta privada, pensé. Me acerqué hasta el ventanal del frente para ver que sucedía dentro de la casa y… Casi salgo corriendo a buscar un teléfono para llamar a los cronistas de espectáculos más picantes de Hollywood. Pero no quise arruinarle el prestigio al pobre de Tucson, no me pagaban para eso.

Tucson, vestido con ropa de mujer a pesar de sus piernas peludas y su incipiente bigote, besaba apasionadamente al hombre recién llegado que no era otro que Harry Valentino, apodado “el Gaucho”, un actor latino amado por millones de mujeres por su hombría y porte de seductor. ¡Si supieran! Con más razón pienso ahora que todo lo que se ve en el cine no es la pura realidad. Me alejé de allí dándome cuenta de que no valía la pena secuestrar al hombre; no sería un problema para Miss Monroe; seguramente su supuesto romance con Marilyn Russel era sólo cosa de la prensa sensacionalista. Casi estaba por abordar mi auto cuando estacionó otro auto frente a la mansión del famoso productor. Esta vez descendió una mujer, golpeó la puerta muy suavemente, le abrieron y entró a la casa rápidamente. Parece que habrá una fiesta de verdad, me dije en voz alta. Dos disparos me contestaron.

Tucson y Valentino, “el Gaucho”, murieron de dos certeros disparos en el pecho. Atrapé a la dama que los mató cuando salió corriendo de la casa intentando huir. Nada menos que Miss Marilyn Russel. Se quedó paralizada cuando me vio apuntándole a la cabeza con mi Luger. No intentó nada. Luego confesó ante la poli que tenía sospechas del romance entre estos dos hombres y decidió matarlos porque se sintió humillada por Tucson, al que amaba con locura. Miss Monroe tenía razón, y ahora, sin que yo tuviera que hacer nada, su carrera al Oscar estaba asegurada. Mi preocupación fue que no podría cobrarle los mil cuatrocientos dólares que faltaban; el caso se resolvió en un santiamén. Aunque, para mí, había algo que no cerraba en todo esto.

Al otro día, después de levantarme otra vez con dolor de cabeza por el whisky que me había tomado hasta quedarme dormido, desayuné en lo de Charlie con más cafés negros encima que la familia de los dos muertos, y salí para lo de Miss Lauren Monroe. Tenía una corazonada.

Allí estaba, la Dama en la ventana, esperándome traslúcida por el sol con toda su magnífica desnudez que yo ya había probado. Mister Flynn, me dijo esta vez de una forma para nada sensual, creo que ya no tiene nada que hacer por acá, todo ha terminado con dos lamentables asesinatos y una mujer despechada, presa… Sí, Miss Lauren, es verdad, pero falta algo, le dije con firmeza… ¿Su dinero? ¿Quiere algo más, acaso? Me dijo casi furiosa. No, Miss Lauren, la quiero a usted en la cárcel por autora intelectual del crimen.

La Monroe sabía del romance de Tucson con “el Gaucho”, ¿cómo la sabía? Simplemente porque ella también era una mujer despechada y se sabe que una mujer así es capaz de cualquier cosa. Había pasado un par de noches con Valentino lo que la había enamorado de este latino nacido en Arizona, esto lo supe al leer el expediente de su muerte. Descubrió el romance de Valentino con Tucson que a la vez era el amante de la Russel. Me usó a mí para vigilarlo mientras le hacía saber a la Russel de lo que estaba pasando entre los dos hombres, imaginando de lo que sería capaz esta mujer con fuerte carácter; nada menos que matarlos a ambos. Justo yo estaba ahí para ver todo lo que pasaba y atrapar a la asesina con las manos en la masa. Y listo, el camino libre y la Academia a sus pies.

En algo me equivoqué; una de mis sospechas con respecto a las pinturas en la mansión de la Monroe no fue acertada. Eran originales. La que elegí, un Picasso, como pago por no delatarla, la vendí en una verdadera fortuna en el mercado negro y, aquí estoy, en Miami, gozando de unas merecidas vacaciones con dos rubias despampanantes que me dan de comer en la boca, y que para nada me hacen acordar a la oveja que fue mi primer amor en el granero de mi padre en Kentucky.

Anoche, en el radio del hotel, escuché en directo la ceremonia de los Oscar. Fue muy emocionante oír: La ganadora del Oscar a mejor actriz principal, es… ¡Loretta Young!

martes, 23 de agosto de 2011

Te vi mirándome.

Lloraste en mi noche triste.

Lo hacías por mí.

Pobre mi pobreza.

Mi estúpida arrogancia.

Por esa tonta ilusión.

No lloré aquella noche.


Te vi mirándome.

Tus ojos en mis ojos.

Por temor a no entender.

Una sonrisa escondí.

Qué poca reacción.

A la noche culpé.

La noche era tan fría.


Se despidieron.

Todos lo hicieron de mí.

Ayudándome en mi dolor.

Otra vez te vi mirándome.

Ahí al alcance de mi mano.

Mis ojos dan fe.

Me acerqué y te besé.

Un impulso ciego.

No permitiría que tus ojos

Dejaran de apiadarse por mí.


Ellos se van.

Lo vivo y así lo cuento.

Te alejas con ellos.

Elegante, firme, hermosa.

Tus ojos suplicándome.

Los míos gritándote.

Volveré.

Bajas la vista.

Sabes que miento.

Sé que no es cierto.


Mi tiempo siempre regresa.

A esa noche que fue triste.

Una y otra vez.

Tengo que ver si me miras.

Como aquella vez me miraste.

En la noche de las noches.

Por los siglos de los siglos.

martes, 9 de agosto de 2011

Cristina se va en diciembre.

Cómo la amaba. Éramos dos adolescentes que no pasábamos los 13 o 14 años. Niños todavía. Ella vivía enfrente de mi casa, cruzando la calle en diagonal, a esa edad en que el amor era algo a la distancia difícil de explicar. Sólo sueños que no se cumplían pero que se cumplirían si mi imaginación lo permitía. Todos los chicos del barrio sabían de mi amor por mi vecinita. Y las chicas también porque mi hermana, mi cómplice, se encargaba de hacérselos saber. Por ella supe de su amor por mí. Me amaba; Dios mío, me amaba; el cielo estaba al alcance de mi mano. Era tan hermosa que la envidia podía jugarme una mala pasada. Me lo decía siempre mi mamá: lo peor que te puede pasar es que te envidien porque la mente humana es poderosa; alejate de las personas que te envidien. Pero yo no podía perder a todos mis amigos del barrio y sólo me aferraba a que ella se había fijado en mí y en nadie más. Soy el más afortunado, pensaba.

La veía cuando volvíamos en tren del colegio secundario. Desde distintos colegios, pero en el mismo tren del atardecer. Las casi cuatro cuadras desde la estación se convertían en kilómetros para mi al caminar junto a ella oliendo su dulce perfume que jamás olvidaré. Quedó impregnado en mi nariz para siempre. Lo mismo que sus ojos negros inmensos grabados en mi retina hasta el día de hoy. Caminábamos en silencio, sólo escuchando a los otros chicos que viajaban con nosotros desde el cole, riéndonos de sus ocurrencias, mirándonos de soslayo con vergüenza; ruborizado, yo, hasta el pelo. A veces nuestras manos se rozaban produciendo en mí un extraño estremecimiento en todo el cuerpo. Era agradable. Si tengo que recordar alguna conversación con ella llego a la conclusión de que jamás existió. Pero eso sí, sería mi esposa y tendríamos muchos hijos. Pensar en los niños que tendríamos me llenaba de júbilo porque hacerlos significaba tenerla en mis brazos, besarla, acariciarla y otras cosas más. Rogaba que ella deseara lo mismo que yo.

Los días de final de clases con el verano a flor de piel nos alejarían; ese era mi temor. Cómo haría para acercarme a ella si no volveríamos juntos del colegio hasta unos meses después. Qué verano me esperaba; peor del que yo pensaba.

-Cristina se va en diciembre.

Me lo dijo una noche mi hermana como si nada; casi como si estuviera leyendo la revista Vosotras o una fotonovela.

-Terminan las clases y se va.

-Adónde va. ¿De vacaciones?

Imaginar que se iba de vacaciones con los padres era sentir que la perdía para siempre. Que se enamoraría de otro chico en la playa o la montaña al que ya empezaba a odiar sin tener la menor idea de cómo sería ese chico, y por eso me olvidaría definitivamente.

-Se va del país, a vivir a España.

Me desplomé. Perdí el conocimiento parado como una estatua frente a mi hermana. El cielo me aplastó. Quedé azul.

-¿Cómo que se va a ir a vivir a España? ¿Dónde queda? ¿No la veré más?

Me clavaron un puñal y luego lo revolvieron en mi vientre. Fue terrible porque era verdad, se iba al otro lado del océano. El padre consiguió un trabajo allá y chau, se acabó. Fuimos todos los chicos al puerto a despedirla. Se iba en un buque enorme que yo rogaba que no se hundiera como el Titanic. No hablaba, no me salía ni una palabra. Todos bromeaban diciéndole que la irían a visitar alguna vez pero para mi era el fin. Los abrazos de las chicas del barrio con ella, el beso en la mejilla de los chicos y nosotros dos que sólo nos mirábamos tristes. Ni un beso, ni un abrazo, ni un adiós. Se fue. Cristina se fue en diciembre y desde el momento en que mi hermana me lo dijo pasó en un santiamén. Luego lloré casi todo el verano.

Un día de diciembre, cuarenta años después, casi en verano, cruzando Plaza de Mayo en pleno centro de Buenos Aires, como muchas veces lo hago, pasé delante de un grupo de turistas como muchas veces me pasa en ese lugar. Eran españoles y una joven guía turística argentina les contaba detalles de la histórica plaza. Vi sus ojos. Tan negros como los tenía clavados en mis ojos. Sentí su perfume. Tan dulce como mi nariz lo llevaba desde siempre. Ella era una turista más; una española más. Se quedó con sus ojos clavados en mí. Me miró de la misma manera que lo hizo para cautivarme cuando niños. No me detuve, seguí caminando perplejo porque pensé que podía equivocarme; que la edad estaba jugando conmigo. Esa niña que me enamoró era ahora toda una mujer tan hermosa como aquella. Dejó el grupo de turistas sin dejar de mirarme para caminar a mi lado, observándonos de soslayo, riéndonos, sin hablarnos, rozándonos apenas las manos. Caminamos kilómetros uno al lado del otro. Fuimos niños otra vez porque ese día volvimos a nacer.

Ya no le temo a los diciembres porque sé que Cristina no se irá nunca más. Moriremos juntos, y será un diciembre.

miércoles, 3 de agosto de 2011

LA GUERRA DE LOS DÓMUN.

Una nueva aventura de: SERGI, EL JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO.

Son cientos de naves, Sergi, las que vienen directo a nuestro planeta.

Con qué intenciones…

Conquistarnos. No me cabe duda, saben que aquí tenemos todo para ser felices y lo quieren para ellos, no les importa nada de lo que pueda pasarnos. Nos destruirán.

Sergi, el JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO, acaba de escuchar de labios de uno de sus colaboradores más directos lo que nunca hubiera querido escuchar; su querido planeta, DÓMUN, está en un grave peligro. Invasores del lejano planeta, GRRRR!! llegarán pronto para exterminar a los habitantes de DÓMUN o esclavizarlos. ¡Esto sí que es terrorífico! Me aterra seguir contándoles esta historia que no sé cómo va a terminar.

¡Ciudadanos de nuestro amado planeta! Con profundo dolor tengo que decirles esto: estamos en guerra. Es la Guerra de los DÓMUN. Porque todos lucharemos. Tenemos que defender lo que nos pertenece y lograr la paz lo más pronto posible. Sé que no será fácil, pero con fe en todos los Dioses del Cosmos lo conseguiremos.

Sergi, se dirigió así a sus hermanos. Con firmeza y, a la vez, con una gran pena. Nadie como él lucha por conservar la paz y esto es algo que lo supera. Su madre, Lidia, la Princesa de todos los Cielos Azules del Universo, lo apoya en esta decisión. Con la medalla de la Justicia Justa que ha colgado al cuello de su hijo, sabe que estará protegido en su lucha contra los males del Universo. Lluvia, la Princesa más hermosa que el rocío de la mañana, también estará junto a él en esta lucha que parece ser desigual. Los invasores son millones, terriblemente poderosos y para colmo, ¡malísimos!

Todos los ciudadanos se preparan para la guerra. Lluvia organiza a las jóvenes y Lidia a las demás mujeres enseñándoles a defender sus casas con uñas y dientes; eso sí, las uñas bien pintadas porque es importante no perder la femineidad; demás está decir que las mujeres de DÓMUN son muy hermosas. Los hombres, bajo las órdenes de Sergi, se adiestran en el uso de las armas. Espadas láser, cañones láser, vehículos láser, máquinas voladoras láser y, claro, si eso no alcanza, la idea es aprender a arrojar piedras galácticas; para eso se necesita mucha puntería, no vayan a creer que es tan fácil.

He pensado en Paula e Isla, sí, ellas que son tan temerarias, para que conduzcan el primer ataque.

¿Estás seguro, Sergi?

Sí, mi amada, Lluvia, saldrán ya de avanzada con un ejército de nuestros mejores guerreros para sorprender a los invasores. Sé que harán un buen trabajo y nos darán tiempo a nosotros para estar mejor preparados. No hay tiempo que perder, los malos están muy cerca de DÓMUN.

Arancha, la sacerdotisa del planeta más pacífico del Universo Inmenso: +BU heno KELPAN, bendice a las niñas que parten a la guerra con sus espadas listas para hacer justicia. Ellas, hermosas como la luna reflejada en el mar dorado donde pasa sus vacaciones, Sergi con su amada familia, parten con la confianza plena de quien va a luchar por defender su hogar. Aunque, Sergi, sabe que lo que les espera será una batalla muy difícil, pero no imposible de lograr la ansiada victoria.

Días después, ya todo está listo para la defensa de DÓMUN. Sergi, el JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO, sólo espera noticias de Paula e Isla. Preocupado, muy preocupado porque se acaba de enterar de que muchos de sus guerreros han quedado en la primera batalla. Qué pasó con las niñas más valientes que un león de la selva africana del desaparecido planeta Tierra. Ese planeta del que ya nadie se acuerda.

Han luchado como fieras, Sergi… Le dice uno de sus soldados colaboradores.

¿Y, qué pasó con ellas?

Sabemos que los hombres que han sobrevivido a la lucha desigual están regresando, pero quiero que sepas, Sergi, que a los malos malditos les han causado muchas bajas. Por eso, los invasores, llegarán disminuidos gracias a la valentía de estas niñas… No tenemos más noticias porque el satélite de las comunicaciones fue destruido en la batalla espacial.

Ruego a todos los dioses que ellas estén regresando con nuestros hombres, si no me sentiría muy culpable; debí haber ido yo en esa misión…

No, Sergi, tú debes estar aquí para la batalla final que será, ¡terrible!

DOGx1, el fiel perro de Sergi, está muy inquieto esta mañana, presiente algo serio y ladra despertando a nuestro héroe que tiene el sueño más profundo que la caverna del monstruo verde que allí vive alimentándose de piedras volcánicas. Han llegado los invasores, están a miles de kilómetros, lo que no es nada si se trata del Universo. ¡Por todas las nubes gaseosas! Son muchísimos, gritan los habitantes de DÓMUN, esto no será fácil. ¡A las armas mis valientes! Grita, Sergi, empuñando su espada láser. La guerra ha comenzado.

Cientos de naves de los dos bandos surcan el espacio enfrentándose. Los disparos láser de las naves enemigas causan destrozos sobre el planeta. Los certeros disparos de las naves de DÓMUN hacen explotar a las naves enemigas. El JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO, al frente de sus guerreros, conduciendo su nave, SUPERNOVA V LOZ, lucha como un gran valiente abordando las naves de los malísimos que son como antiguos barcos piratas, pero galácticas y súper veloces, cortando las cabezas de los malos con su espada láser. No nos preocupemos por esto porque ¡son muy feos! En su planeta GRRRR!! cuando están aburridos, se entretienen asustando a los niños y lo malo es que... ¡Siempre están aburridos! Pobres los Chicos de ese horrible planeta. ¡Por todos los asteroides! ¡Qué destino tan trágico!

Mientras los hombres luchan a brazo partido y cabezas cortadas en el espacio, las mujeres de DÓMUN, conducidas por Lidia y Lluvia, se defienden de los invasores que han logrado aterrizar, arrojándoles aceite hirviendo cuando intentan entrar a sus casas. Un método antiguo pero muy eficaz.

Son millones, Sergi, no podremos resistir mucho más… Le dicen sus valientes guerreros apesadumbrados porque la situación se pone cada vez peor.

Sigan luchando, sólo necesito un plan, es la única manera de vencerlos… Y un milagro…

Sergi, toma con su mano izquierda la medalla de la Justicia Justa que lleva colgada al cuello, mientras sigue empuñando su espada láser con la derecha, e invoca a su madre, Lidia: Madre, dame una señal, márcame el camino de la victoria, dime qué hacer en este momento o perderemos la guerra. Y la señal llega. Escucha clarito la voz de su madre que le dice: Huye, ve hacia el espacio exterior ahora mismo…

¿Qué? ¿Cómo voy a hacer eso? No abandonaré la pelea jamás, madre…

Haz lo que te digo por una vez en la vida, mi querido hijo. ¡Hazlo ahora!

Sergi aprieta los dientes con furia y huye al espacio. Sus soldados ven su nave huir y no lo pueden creer. Los malísimos comienzan a seguirlo porque saben que él es el líder del planeta DÓMUN y lo quieren apresar vivo. Todas las naves piratas horripilantes de los malos van detrás de él. Sergi vuelve a escuchar la voz de su madre que le dice: Ahora ocúltate detrás del lado oscuro de la luna de DÓMUN. Sergi rápidamente lo hace y, ¡sorpresa! Todas las naves que habían partido en la primera avanzada con Paula e Isla a la cabeza están allí listas para la lucha. ¡Por todos los mares de la tranquilidad! Grita, Sergi, feliz por ver a sus queridas amigas sanas y salvas. Inmediatamente se pone al frente de ellas y contraataca a los malos que se ven sorprendidos. Se produce un desbande tal que las naves enemigas se chocan entre ellas. Los soldados de Sergi al ver esto atacan a los desbandados y entre dos fuegos les dan una paliza que ni te cuento. O sí te cuento. Sergi, queda frente a la nave enemiga Líder. ¡Es enorme! Alcanza a ver al Supremo de los malos conduciéndola; se miran con odio, cara a cara, nave a nave. Saben que en segundos más uno de los dos dejará de existir; será el más rápido del oeste el vencedor. Rápidamente alargan sus manos al disparador láser y… Una luz verde cruza el espacio como un rayo… De nave a nave… Todos los valientes guerreros de Sergi y los malditos invasores, miran fijos el desenlace que acontecerá. Y lo que ocurre es que… La nave Líder de los malditos estalla como una supernova iluminando todo el espacio exterior a millones de años luz. Más de la mitad de las naves enemigas son destruidas y el resto se rinde a los pies de Sergi, el JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO que ha triunfado una vez más. Este chico sí que es un ganador de verdad.

La fiesta que se desencadena en todo el planeta es de lo más divertida. Con fuegos artificiales más grandiosos que los del antiguo lugar llamado Disney World, del que sólo quedó un video juego en el museo Interestelar de DÓMUN. Manjares traídos del asteroide, QUESABRÁELOSO y danzas en las que todos bailan en una pata. Pero lo mejor es el castigo que les impuso Sergi a los malos invasores: los obligó a llevar a vivir a DÓMUN a todos los niños de su horrible planeta con sus madres y ahora, ¡no tienen a quién asustar! Por eso están más aburridos que el dragón del planeta rojo, que vive solo porque la novia lo dejó por un oso hormiguero y, de la rabia que le dio, quemó todo con su vómito de fuego y ¡ya no le queda nada que quemar! ¡Por los anillos de Saturno! No quisiera estar en su lugar.

La guerra de los DÓMUN ha terminado gracias a tantos valientes que han luchado para defender la justicia. Los buenos han ganado una vez más. La paz ha vuelto al Cosmos entero por la temeraria intervención de nuestro Súper Héroe: ¡SERGI, el JUSTICIERO DEL UNIVERSO INMENSO! que pronto volverá con una nueva y apasionante aventura.

Fin del episodio.

domingo, 24 de julio de 2011

La Hansen.

El humo de los cigarrillos americanos obtenidos de contrabando, la penumbra por la poca luz de las lámparas por la escasez eléctrica de la ciudad luz a causa de la guerra, no empañan la voz que seduce por igual a soldados alemanes y ciudadanos parisinos. Ella canta como un ángel rubio. Los bucles caen con gracia sobre su rostro blanco en el que resaltan sus ojazos azules y la boquita pintada de rojo. Figura esbelta, perfecta, piensan los hombres embelezados que la escuchan olvidando por un instante mágico que afuera hay una guerra. Ella es mágica, al lograr que los parisinos invadidos por el Tercer Reich de Hitler, olviden su condición de subordinados y cada noche concurran al cabaret de Bd de Montparnasse para escucharla cantar. La llaman: La Hansen.

Lili Hansen, llegó de Alemania del brazo de un oficial del régimen enamorado hasta la médula. Dicen que ella no siente lo mismo por él, pero la posibilidad de pasear por las calles de París, convence a cualquier mujer que se sienta con todo el glamour para hacer hablar al empedrado de la ciudad con más glamour de toda Europa. En París no caen bombas, nadie se anima a bombardear la ciudad que un día cruzarán por el Arco del Triunfo. Sería un pecado que los aliados no cometerán. Pero sí, hay resistencia. Hombres y mujeres que aman Francia y jamás dejarán de luchar contra el maldito invasor. Algunos de ellos se confunden entre la gente, en el cabaret, igual que cualquier ciudadano sometido y jugado a su suerte.

Es la suerte de Pierre la que está echada. No puede creer que esa mujer que canta todas las noches lo vuelva loco de pasión. Es mi enemiga, se retuerce en su pensamiento, debería odiarla. Un rebelde, piensa la Hansen, un maldito rebelde que me ha enamorado. No hay vuelta que darle: se vieron, se encontraron y se aman sin fronteras. No hay guerra entre ellos, o sí la hay, la única que debería haber, la de los cuerpos que se entrelazan con dolor en el pecho por el amor que sienten el uno por el otro. Ellos saben que París no arderá mientras estén juntos, pero no pueden saber hasta cuando aunque se juren amor eterno. La Hansen, seguirá cantando todas las noches bajo la mirada vigilante del oficial alemán que hasta allí la llevó. Él seguirá luchando por la liberación de su patria. Mientras, no dejarán de buscar la manera de verse a escondidas.

Lo sabe. No hay nada que no pueda saber la inteligencia alemana. Nos llevará a otros miembros de la Resistencia, dice el oficial engañado por la Hansen. Será un duro golpe el que daremos, eso sí, a ese tal, Pierre, lo quiero vivo para matarlo delante de ella. Me va a pagar este engaño con lo que más quiere. Luego la deportaré a que se pudra en una cárcel de Berlín. Meterse con un desgraciado francés y además enemigo del Reich, es lo más estúpido que puede haber hecho en esta guerra. La voy a destruir.

Él también lo sabe. Sabe que el alemán no es un pacato y no se dejará engañar tan fácil por ella. Lo planea, le pondrá una trampa y lo matará junto a sus oficiales subordinados. Es la oportunidad de hacer su trabajo por Francia, el que se ha encomendado a si mismo cuando se unió a la Resistencia. La Hansen, está en el medio de los dos sin sospechar los planes de cada uno. Ella está enamorada, qué más da si lo único importante en estos tiempos de guerra es tener la suerte de amar intensamente y ser correspondida. Esta noche canta como nunca, presintiendo el destino, que será la última vez que lo haga en esa París convulsionada, porque las noticias que llegan dicen que los aliados desembarcaron en Normandía. La Hansen teme por su amado, sabe que se irá a luchar al lado de ellos para liberar París y lo perderá y teme también que el oficial alemán huya de la ciudad llevándosela con él. Entonces toma la única decisión que se le ocurre: unirse a la Resistencia. Estás loca, conmigo no puedes ir, no arriesgaré tu vida por mi lucha, tú eres alemana. Yo soy lo que tú eres, Pierre, porque mi amor por ti está por encima de todo. Pero para Pierre, matar al oficial alemán a través de ella es lo que está por encima de todo. Primero, amarse por última vez, y mañana liquidar al enemigo.

El frío del caño de una pistola en su sien, lo despierta de repente. Pierre intenta tomar su arma pero se da cuenta de que está en manos de su amada; empuñada con enorme decisión. El amor a veces es el peor enemigo en una situación de guerra. Ella presiente que la han seguido hasta tenderle una trampa y siente culpa por lo que esto desencadenará: la muerte de Pierre y la posible caída de otros miembros de la Resistencia. Venderá cara su derrota. Será ella quien mate a su amado, Pierre. El hombre que además es el enemigo de su patria. Lo hará antes de que los oficiales alemanes lleguen y no hay tiempo que perder porque con esto logrará el perdón del oficial alemán al que ha engañado. Es lo que cree.

El intenso taconeo de las botas de los soldados que suben las escaleras y, luego corren por el pasillo que lleva hasta el nido de tanto amor vivido, es cada vez más cercano. Están a la puerta. La tiran abajo y el primero que entra en la habitación es el oficial alemán que muere de amor y odio a la vez por la Hansen, pero que esta vez no le perdonará su affaire con este maldito francés. Ella dispara el arma, una, dos, tres veces con furia y un inmenso dolor en el alma a la vez.

¿No acertó ninguno de los tres disparos, abuela? Es que jamás había usado un arma; bueno, en realidad con el primero le di a la gorra del oficial, el segundo disparo le dio de lleno a la única lámpara encendida, y por eso quedamos a oscuras, y el tercero, no sé, pero se escuchó el terrible maullido de un gato. ¿Y qué pasó luego? Con la confusión en la oscuridad, Pierre y yo huimos casi desnudos pero por suerte otros miembros de la Resistencia que estaban alertados de la situación nos protegieron. Él, después de unos días, marchó a luchar por la liberación de París y a mi me consiguieron un pase para salir de Europa. Me instalé en Argentina y allí rehice mi vida. ¿Entonces, nunca supo qué pasó con Pierre y el oficial alemán? Sí, lo supe, cuatro años después de terminada la guerra volví a París a buscar a Pierre con la esperanza de que estuviera vivo. ¿Y lo encontró? Sí, y me di cuenta de lo absurda que a veces es la vida… Y la guerra.

La Hansen se llama el restaurante de comida típica alemana en el Bd du Montparnasse. Lili se acerca expectante y emocionada a la vez. Desde adentro se escucha la melodiosa voz de una mujer que canta: “Lili Marlene”, la misma canción que ella cantaba durante la ocupación. Casi con su misma voz, la música sale de una fonola. El humo de los cigarrillos americanos que ahora se consiguen en todos lados y, la luz blanca e intensa que ilumina el lugar le dan otro clima al que ella recordaba. El aroma delicioso a chucrut invade el aire y los ruidosos comensales colman las mesas. Lili, desde la puerta del local, lo ve. Pierre atiende la caja. Una sensación de alegría inmensa la invade, está a punto de gritarle: Pierre, Pierre, soy yo, La Hansen, he vuelto y ya jamás me ir… También lo ve, al ex oficial alemán, atendiendo la barra.