martes, 28 de abril de 2015

Mi vida es un clásico.



Tomaré El tren de las tres y diez a Yuma para llegar A la hora señalada.
Siempre habrá Algo para recordar de Casablanca.
Fui de Picnic y tuve un final de Esplendor en la hierba.
Perdidos en la noche nos reencontramos Antes del amanecer.
Viajé en El expreso de Oriente y fue una verdadera Psicosis.
Para atrapar al ladrón seguí sus movimientos desde La ventana indiscreta.
Tuve un Sombrero de copa que perdí porque fue Lo que el viento se llevó.
Fuimos Doce hombres en pugna y un veredicto, Los caballeros las prefieren rubias.

domingo, 12 de abril de 2015

Historia de mi ciudad: El Palais de Glace.


El Palais de Glace, ubicado en la calle Posadas del barrio de Recoleta, frente a Plaza Francia, desde 1931 es un centro cultural y de arte. Fue inaugurado en 1910 con una pista de hielo de 21 metros de diámetro, para entretenimiento de algunas de las familias adineradas de la ciudad de Buenos Aires. En 1932 el edificio fue remodelado por obra del arquitecto Alejandro Bustillo, perdiendo la mayor parte de su ornamentación exterior y una cúpula. También fue modificado en su interior.
En la década del 20 fue convertido en un salón de baile. Las grandes orquestas típicas de tango tocaban allí. Dejó de ser para la alta sociedad porteña un lugar de encuentro, porque el tango en esa época no era bien recibido por ellos.
En esos años 20, una mujer de la que nadie recuerda su nombre, era habitué de aquellas noches de bailongo a pura música ciudadana. La llamaban, La Francesita. Solía mezclar palabras en francés a su hablar arrabalero sólo para darse corte. Muchos dudaban de que fuera parisina como ella decía, probablemente jamás había visto la Torre Eiffel ni en figuritas.
Era una experta en el arte de amar. Conquistaba a todo hombre que se le atreviera. Las mujeres la envidiaban y alguna que otra llegó a sentirse atraída por ella. Pero, La Francesita, jugaba con los hombres hasta que los desechaba. Por lo menos cuatro se suicidaron al verse despreciados por su amor inconquistable y otros tantos murieron en enfrentamientos disputándose su amor. Dicen que Carlos Gardel tuvo un encontronazo a  punta de cuchillo defendiendo su honor.
Hasta que ocurrió lo imprevisto. Un caballero de apellido ilustre que no delataré, adinerado él, un dandy en su andar, con una parla aristocrática y eximio bailarín del 2 x 4, la enamoró hasta la médula. Se la llevó una noche de champagne y borracheras de ojos burbujeantes y nunca más la volvieron a ver.
Enrique Cadícamo, el gran letrista y compositor de tangos escribió:
¡Noches del Palé de Glas!
Ilusión de llevar el compás.
Tu recuerdo es emoción
y al mirar que ya no estás
se me encoge el corazón...

Dicen que otro grande del tango, Enrique Santos Discépolo, la vio varios años después, una madrugada, sola, fané y descangallada salir de un “cabaré”. Don Enrique no se atrevió a decirle algo por la tristeza que lo embargó y sólo atinó a dar vuelta su cara “pa” no llorar.
La Francesita solía decir que pasaría su vejez en una mansión de París, rodeada de sirvientes, a orillas del Sena. Lo más probable es que haya terminado sus días, sola, triste y abandonada en un conventillo de La Boca frente al riachuelo.
El “Palé de Glas”. Seguramente mil historias como estas se podrían contar de ese lugar de zapatos con polainas y tacos agujas que le daban lustre al piso. Yo les relaté una, la primera que de pronto se me vino a la mente.



sábado, 11 de abril de 2015

Ocurrió un 11 de Abril.

"No lo pienses más y bájate en Atocha".

Los aviones no aterrizan en Atocha, pensé. 
Bajé en Barajas.
Era un 11 de Abril irracional.
Como lo serán siempre los días de Abril.
Nadie me robará ese mes.
La locura no la olvidaré jamás.

miércoles, 1 de abril de 2015

La sombra.


Esta sombra siempre estuvo conmigo. Toda mi vida. Creció como yo. A veces está adelante mío, otras veces atrás o a los costados y nunca me ha abandonado. Va hacia adelante siempre, conmigo, con mis mismos sueños y esperanzas. Y como yo, no se detiene nunca. Aprendí a quererla. Por eso he tomado una decisión: el día que deba irse a otro lado no me despegaré de ella. La seguiré al infinito.


domingo, 29 de marzo de 2015

Roble.



Anoche soñé que llegaba en un tren a un pueblo hermoso. Así lo veía en mi sueño. Y era tan real que hasta que no desperté creí que de allí no me iría más. Ese pueblo se llamaba Roble. 

Lo que veía era un lugar que no era actual. Sus calles, sus casas, los olores y las voces que salían de esas casas eran de otra época. Vi una casa en una de sus calles ideal para mí. "Es la casa en la que quiero vivir", me decía a mí mismo en mi sueño. 

Hoy sólo sé que quiero volver a soñar con ese pueblo y ya no despertar jamás. 

Historia de mi ciudad.


En los viejos tiempos la gente era más grande. Gigante. Lo descubrí mientras caminaba por la ciudad y de pronto vi un enorme reloj de bolsillo colgado en el frente de un edificio.
Me imaginé que un señor sacó su reloj del pequeño bolsillo de su chaleco, apurado porque llegaría tarde a una cita, y al mirar hacia abajo vio, con horror, los cordones de sus zapatos desanudados. Colgó su reloj de una saliente en la pared para agacharse con más comodidad y así anudar sus zapatos, y luego de hacerlo, se fue más apurado todavía porque una distinguida señora lo estaría esperando en una confitería de la calle Florida para tomar el té con ricas masitas. El reloj quedó allí olvidado para siempre.
Espero que aquel gigante caballero no haya llegado tarde a su cita y, a partir de ese encuentro, hayan vivido juntos una hermosa historia de amor.

miércoles, 4 de febrero de 2015

45 vueltas al sol.


Tus 45 serán los míos. Todos tus años cada día como este serán míos. Cada vez que llegue esta fecha te recordaré como todos los días lo hago. Porque mi corazón siempre será tuyo.